El primer Ford Mustang ‘español’

diciembre 3, 2013

Un arquitecto burgalés es el poseedor del primer Mustang matriculado en España, allá por 1965. Su pasión va mucho más allá: por sus manos han pasado auténticas joyas del mítico modelo. Nos abre las puertas de su taller… y de su vida a lomos del ‘caballo salvaje’.

Seguramente, el gran Steve McQueen no sospechaba durante el rodaje de Bullitt que, mientras daba saltos de vértigo por las escarpadas calles de San Francisco con su flamante Ford Mustang S 390, estaba creando a lo largo y ancho del mundo una nueva comunidad de fans. Y no precisamente del actor, sino del otro protagonista del mítico filme: su deportivo verde metalizado se había metido en la retina de millones de espectadores para siempre.

Uno de esos espectadores era un adolescente de Miranda de Ebro que una tarde en el cine, hace más de 40 años, sintió un auténtico flechazo que le duraría para siempre. “la mirada de Steve McQueen, la imagen musculosa y de agresividad contenida del Fastback del 68 que conduce y el dinamismo de las escenas de persecución que luego sentarían cátedra dentro del cine de acción, es fácil imaginar el resultado y el impacto en un chico de 16 años”, recuerda Julio Santamaría. Hoy tiene 59 años y este arquitecto ha dedicado gran parte de su vida, desde aquel momento, a su pasión por el mítico ‘pony car’: hace 10 años fundó con otros entusiastas el Club Mustang (www.mustangclubespana.com) que ha llegado a tener más de 50 socios y regenta Territorio Mustang, un taller para uso propio ubicado en Álava en el que rehabilita y repara cuantos ejemplares pasan por sus manos. (

De ‘juguete roto’ a ‘caballo salvaje’

El idilio de Santamaría empezó con un Mustang Fox de 1979 que cayó en sus manos casi por error. “Por un malentendido con un amigo que acudió a una subasta, ya que sabía que desde siempre soñaba con tener un Mustang, pujó y lo ganó por 100.001 pesetas”. Era un modelo de cuatro cilindros. “Disfruté cuatro años, aunque mi corazón seguía siendo para un Mustang de la primera generación y con motor V8”. De modo que ‘Chitty’ llegaría poco después: “un fastback del 65 de primera matriculación española desmontado en mil piezas como un juguete roto y condenado al desguace por su dueño de entonces, del que también por pura casualidad tuve conocimiento”.

“Tardamos 18 meses en restaurarlo. Para conseguir piezas puse un anuncio en la revista Motor Clásico y recibí dos llamadas que me contactaron con proveedores de USA, donde hay prácticamente casi todas las piezas de los Mustang de primera generación, originales, remanufacturadas o de reproducción. Tuvimos que recurrir a un familiar que vive allí para conseguir algunas piezas usadas que no se venden, por lo que el 95 por ciento de Chitty es totalmente original”, recuerda. El proceso no fue nada fácil, en una época en que los coches americanos eran en España una rara avis. “Aun teniendo documentación abundante del modelo, ninguno de los amigos que participaban ni yo mismo, habíamos visto al natural un Mustang entero y montado”, comenta Santamaría.

Una pasión que se hereda

El siguiente modelo que restauró Santamaría fue ‘Azabache’ -hace 10 años-, un Mustang ‘hardtop’ del 65. El precioso coche había sido adquirido originalmente por un pariente de la nobleza española y matriculado en nuestro país en septiembre de 1965, lo que lo convierte en el primer Ford Mustang del que se tiene referencia, con matrícula española de la historia.
Solo tenían seis meses para rehabilitarlo, ya que debía ser el modelo con el que el arquitecto iba a cumplir otro sueño: correr en el rally Montecarlo de Clásicos. “Lo hicimos en ese tiempo porque Montecarlo no esperaba. Saber que íbamos a cumplir un sueño de juventud nos dio a mis amigos y a mí muchísima fuerza para seguir adelante en los momentos malos”. Un problema en la primera jornada les impidió quedar entre los 50 primeros, pero la última noche se resarcieron: “Se hacía el mítico tramo del Col de Turini hicimos el tiempo 25 de 300 participantes que todavía sobrevivían en el rally. Fue una enorme satisfacción de esas que jamás se olvidan”.

Su último ‘retoño’ es otro fastback del 65 que está en proceso de restauración para su afortunado hijo, aunque la joya de su corona es ‘Carnaval’: “Es nuestra personal versión (muy respetuosa) del Shelby GT 350 del 65, pero con mentalidad, más que de ‘muscle car’ americano, de Gran Turismo a la europea, capaz de callejear por la ciudad sin problemas y de rodar a altas velocidades en carretera y circuito. Además, nos acompaña en la guantera del coche la firma de Carroll Shelby (piloto, constructor y artífice de la gama Shelby) que hizo para mí en su casa de California. Eso es la guinda del pastel”, rememora con emoción.

¿Qué tendrá el Mustang, para que este arquitecto le haya dedicado más de media vida? “Sobre todo la primera generación es la que más me emociona, siempre me ha transmitido frescura, ligereza, libertad, dinamismo. Es esa sensación única e inexplicable que sin saber porque se produce, te la transmite ver su línea sencilla, sin dejar de ser elegante y sutil, con detalles de raza que lo diferencian y lo hacen único. Todos los aficionados deseamos que esos valores tengan continuidad en la nueva generación del Mustang que ya está al caer”.
Las fotos para este artículo han sido cedidas por Julio Santamaría.