¿Sabes qué ocurre si probamos un coche autónomo durante una buena nevada?

marzo 22, 2016

Ford, es el primer fabricante de automóviles en realizar pruebas públicas de funcionamiento de vehículos autónomos en la nieve. Porque, si los coches autónomos están destinados a convertirse en una realidad, deben ser capaces de circular por carreteras en las peores condiciones climatológicas.

En su afán por llevar los vehículos autónomos a millones de personas en todo el mundo, Ford revela seis datos sobre la tecnología que permite que un coche circule de manera autónoma en la nieve.

  1. Mapear el camino: Ford es pionera en la creación de mapas 3D de alta resolución, utilizando tecnología LiDAR para escanear el área que recorrerá después su vehículo autónomo en la nieve. Al recorrer la ruta de pruebas en temperaturas favorables, el vehículo autónomo de Ford crea modelos digitales de alta precisión de la carretera, utilizando scanners LiDAR que generan un total de 2.8 millones de puntos laser en un segundo. El mapa resultado, sirve como base para identificar la posición del coche cuando conduce en modo autónomo. Utilizando los sensores LiDAR, el coche puede ubicarse en la zona mapeada más tarde, cuando la carretera está cubierta de nieve.
  2. Mejor contrata un plan de datos ilimitado: los vehículos autónomos de Ford recopilan y procesan más datos de mapeado en una hora que el usuario medio de un teléfono móvil en 10 años. Mientras mapean su entorno, los vehículos autónomos de Ford recopilan y procesan un conjunto diverso de datos sobre la carretera y los elementos circundantes: señales, edificios, árboles y otras características. El coche recopila hasta 600 gigabytes de información por hora, que utiliza para crear un mapa 3D de alta resolución de la zona. En los Estados Unidos, el usuario medio de un plan de datos de telefonía móvil utiliza cerca de 21.6 gigabytes al año o, lo que es lo mismo, 216 gigabytes en 10 años
  3. Sensores superinteligentes: Ford utiliza sensores tan potentes que son capaces de identificar copos de nieve y gotas de lluvia. Los vehículos autónomos de Ford, generan tantos puntos láser de los sensores LiDAR, que algunos incluso pueden detectar los copos de nieve o las gotas de lluvia que caen, devolviendo la falsa impresión de que hay un objeto en el camino. Por supuesto, no hace falta maniobrar para evitar la lluvia, así que Ford, en colaboración con investigadores de la Universidad de Michigan, creó un algoritmo que identifica la nieve y la lluvia, filtrándolas del sistema de visión del coche para que pueda seguir su recorrido.
  4. No es el típico navegador: La manera en que los vehículos autónomos de Ford identifican su ubicación es más precisa que el GPS.  Al escanear su entorno en busca de puntos de referencia y comparar esa información con los mapas 3D almacenados en sus bancos de datos, los vehículos autónomos de Ford pueden determinar su propia ubicación con una precisión de centímetros.
  5. No hacen falta gafas: La fusión de sensores, la combinación de datos y la monitorización inteligente ayudan a mantener la visión de los vehículos autónomos de Ford. Además de los sensores LiDAR, Ford emplea cámaras y radares para monitorizar el entorno del vehículo. La fusión de sensores, implica que un sensor inactivo, quizás por culpa del hielo, la nieve o la suciedad acumulada, no necesariamente dificulte la conducción autónoma. En el futuro, los coches podrían ser capaces de deshacerse ellos mismos del hielo o la suciedad acumulada, a través de sistemas automáticos de limpieza o antiniebla.
  6. Mira mamá, sin manos: la primera persona al volante de una prueba de conducción autónoma en la nieve es un astrofísico que nunca soñó que subiría en un coche autónomo. Antes de que Wayne Williams entrase a formar parte del equipo de vehículos autónomos de Ford, trabajó en tecnologías de sensor remoto para el gobierno de los Estados Unidos. Sin embargo, nunca pensó que un día formaría parte de un equipo que trabajase para convertirlos en realidad, ni mucho menos que estaría a bordo del vehículo autónomo que realizase la primera prueba en un entorno nevado. El ambiente dentro del coche ese día fue bastante normal, recuerda con un compañero de trabajo que se encargó de monitorizar el sistema informático desde el asiento de atrás. “Debido al amplio trabajo de desarrollo, confiábamos en que el coche haría exactamente lo que le pidiésemos”, afirma Williams. “Hasta después del test no nos dimos cuenta del logro que suponía”.

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